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Persia en tiempos de Alejandro y los seléucidas (330-140 a.C.) |
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La dominación de los grandes reyes de la estirpe aqueménida llegó a su fin cuando Alejandro consiguió ocupar las residencias reales y romper la resistencia en Irán oriental después de la violenta muerte de su contrincante, Darío III. Los aristócratas persas e incluso los propios miembros de la familia iban aceptando a Alejandro como a uno de los suyos, pero otros sectores no lo llegaron a aceptar. Este es el caso de la nobleza de la Bactriana y la Sogdiana —pese a que allí las tensiones habían ido disminuyendo tras un castigo ejemplar— y de los «indios» del territorio fronterizo, cuya resistencia también fue brutalmente sofocada al igual que la de los pueblos de las montañas, que vieron usurpada su privilegiada posición. También fue en aumento el descontento de griegos y macedonios, que consiguieron acabar con las desmesuradas ambiciones territoriales de su rey, pero se escandalizaban de la actuación pública del monarca. Se logró cierta distensión en la mayoría de estos «frentes» gracias a la boda de Alejandro con la hija del sátrapa bactriano, Roxana, que se festejó en Susa; también contribuyeron a la distensión las festividades de Opis, la condena del incendio de Persépolis y las necesidades prácticas y militares de la planificada campaña de Arabia, durante la cual Alejandro murió de forma totalmente inesperada. Aunque Persia permaneció tranquila tras la muerte de Alejandro gracias a los esfuerzos del nuevo sátrapa Peucestas, había otras partes del reino que ya bullían en tiempos de Alejandro. En la Bactriana la población autóctona apoyó la revuelta de los colonos griegos descontentos; en «India» el gobernante mauriya Chandragupta eliminó a los vasallos macedonios en el Punjab; en Media Atropatene el sátrapa Atropates, anteriormente aqueménida y alejandrino, fundó un dominio y una dinastía propios. En las luchas entre los diadocos libradas tras la muerte de Alejandro, los gobernadores de las «Altas Satrapías» —Persia, Carmania, Areia/Drangiana, Aracosia/Gedrosia, Bactriana/Sogdiana, Paropamisada— se pusieron del lado de Eumenos en la lucha contra Antígono en 317-316 a.C., más que por apoyar su causa, por proteger sus propios intereses. Entre los años 312 y 301 a.C., Seleuco [FIG. 19], quien se casó con la princesa bactriana Apama en las celebraciones de Susa, sometió todo Irán desde su base en Babilonia, a pesar de que fracasó en la lucha contra Chandragupta, a quien cede la región superior del Indo, Gandhara, Paropamisada y el este de Aracosia a cambio de una alianza, elefantes de guerra y una frontera segura en el Este. Media Atropatene y Coresmia, que ya había obtenido su independencia a finales del período aqueménida, permanecieron independientes. Nuestras fuentes corroboran que Seleuco —al revés quizás que Antígono Monoftalmo— ya poseía desde hacía tiempo proyectos políticos y territoriales bien definidos para las «altas satrapías». Las circunstancias permitieron que dichos proyectos pudieran realizarse, puesto que, como ya se ha mencionado, estaba casado con la princesa irania Apama, la cual, según sabemos hoy en día, mantenía estrechas relaciones con su patria, en Irán oriental. Mediante el apoyo al hijo de este matrimonio —Antíoco [FIG. 19], investido como corregente y virrey de los territorios situados más allá del Éufrates— Seleuco demostró tener visión de futuro: nadie más indicado que este sucesor impregnado de ambas culturas para someter a la población griego-macedonia e irania y al mismo tiempo respetar y utilizar cada una de sus tradiciones. El núcleo territorial del reino de los seléucidas se extendía desde las regiones de Siria al Oeste hasta Irán occidental al Este. Partiendo de esta base, los reyes del siglo III a.C. trataron de conjurar las amenazas constantes de vecinos y enemigos, antiguos súbditos y pretendientes al trono. Frente a los territorios centrales del reino estaban las regiones fronterizas de Asia Menor, los Balcanes del norte y Koile-Siria al Oeste, así como Irán oriental al Este. Los soberanos consideraban estas regiones partes esenciales del imperio, pero lo cierto es que fueron amenazadas o incluso reclamadas por otras potencias. En lo que respecta a Irán, todos los reyes hasta Antíoco III (223-187 a.C.) ejercieron, desde las plazas fuertes de Mesopotamia e Irán occidental, una política activa para proteger los territorios de Irán oriental. Así pues, Seleuco II (246-226/225 a.C. [FIG. 19]), después de que el parno Arsaces y el greco-bactriano Diodoto perdieran Partía y Bactriana (h. 240-239 a.C.), intentó que las dos provincias volvieran a ser territorios del imperio en cuanto le fue posible. Sin embargo, el decisivo enfrentamiento por el poder con su tía Estratonice y su hermano Antíoco Hierax le obligó a interrumpir su campaña en Oriente y dirigirse a Occidente. El hijo de Seleuco, Antíoco III [FIG. 19], retomó los proyectos de política interior y exterior en condiciones mucho más favorables que las afrontadas por su padre veinte años antes. Su Anabasis en Oriente (212-204 a.C.) obligó a los partos y greco-bactrianos a reconocer de nuevo la soberanía de los seléucidas. En contrapartida, Antíoco permitió a Arsaces II y a Eutidemos conservar sus funciones y dignidades. Una expedición en la zona del golfo (205-204 a.C.) afianzó las relaciones existentes desde hacía tiempo con la India de los mauryas —con quienes los antepasados de Antíoco ya habían tenido buenos contactos— y redirigió los flujos de mercancías hacia el sur de Mesopotamia, pues desde hacía tiempo iban desde Gerrha, en Arabia oriental, hasta Occidente, y con ello también al reino enemigo de los tolomeos. Después de la dura derrota del rey ante Roma (191 y 190/189 a.C.) y de la fallida campaña de Antíoco IV en Oriente, el imperio seléucida perdió la Bactriana y los partos se desplazaron definitivamente hacia Occidente. A partir de este período, los antiguos «vasallos» seléucidas de Irán occidental (Persia: la llamada Frataraka; Elimais: los Kamnaskirid) y del sur de Mesopotamia (Caracene: Hispaosines) ejercieron una política independiente y se perdió el control seléucida en la zona del golfo. Pero estos rebeldes no disfrutaron largo tiempo de su independencia, ya que poco después serían sometidos por los partos. |
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