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Vermeer: el gran voyeur

         
 
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Cristo en casa de Marta y María

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Alegoría de la fe

Alegoría de la fe
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  TEXTO: Valeriano Bozal (Descubrir el Arte, nº 48. 2003)
DISEÑO Y MONTAJE: Miguel Moliné Escalona

     En el siglo XVII, la pintura holandesa sufrió una serie de cambios con nombres propios: Hals, Rembrandt, Vermeer. Sin embargo, sería improcedente pensar que se trató de cambios estrictamente personales. Se transformaron los géneros, el retrato y la pintura de costumbres, por ejemplo, y algunos nuevos hicieron su aparición, los interiores de iglesia, los retratos de grupos, etc. A primera vista, la Reforma protestante sólo influyó en la disminución de la pintura religiosa, que desapareció de las iglesias, o en la selección de los motivos que configuraron su iconografía, pero creo que la incidencia de la Reforma fue más allá y en un sentido más profundo, tal como la pintura de aquellos artistas, en especial la de Vermeer, pone de manifiesto.
     Esta afirmación podrá parecer sorprendente, pues se hace a propósito de un artista del que se conocen sólo tres pinturas de temática religiosa, de las cuales, la primera, Santa Práxedes (1655) es una traslación del cuadro con la misma figura pintado poco antes (hacia 1645) por Felipe Ficerelli, y la segunda es una obra de juventud: Cristo en casa de Marta y María (hacia 1655). Sólo la tercera, Alegoría de la fe (hacia 1670), fue realizada en época de madurez, ya al final de la corta vida del artista (1632-1675), y siempre ha suscitado controversia, tanto estilística como iconográfica.
     Pero cuando hablo de la influencia de la Reforma no me refiero a la que pudo producirse sólo en la pintura religiosa, tampoco a la que puede ser exclusiva de los artistas protestantes: a este respecto conviene recordar que Vermeer, de familia calvinista, se convirtió al catolicismo con motivo de su matrimonio con una católica, Catharina Bolnes, y que a partir de ese momento mantuvo una estrecha relación con la familia de su esposa, en especial con su suegra, Maria Thins.
     Cuando hablo de la influencia de la Reforma pienso en aquella que se produce en niveles más profundos que los explícitamente religiosos, niveles que desbordan lo estrictamente religioso -y muchas veces ni siquiera aluden a ellos-, se perciben en los modos y maneras de mirar a las cosas y a las personas, en los modos y maneras de considerar la vida corriente, la vida que constituye el motivo de la mayor parte de las pinturas de Vermeer..., pero no sólo de Vermeer.
     La pintura de costumbres había tenido un amplio desarrollo en los Países Bajos. Los nombres de El Bosco, Brueghel, incluso los de Issac y Adrien van Ostade, ya en pleno siglo XVII, están en la mente de todos cuando se habla de este asunto, y ello aunque, como sucede en los dos primeros casos, las pinturas de estos artistas no pueden reducirse a los límites de tal género.
 

 

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