Página Principal Historia Historia Antigua Bitácora Arte El Teatro Romano

 

I. Presentación

 
Índice
 
Presentación
Contenido
Las obras
Los edificios
Los actores
Bibliografía
 
Capítulo siguiente


 

 

 

TEATRO Y SOCIEDAD. LOS ACTORES

 

El teatro representa a la sociedad en dos niveles distintos. En el escenario, donde incluso a través de personajes pretendidamente griegos, se representa la sociedad romana. Las formas grotescas de los esclavos, con atributos sexuales exagerados, se unen a las altisonantes bravatas de soldados fanfarrones o a las esperanzas frustradas de amantes bobalicones, ayudados por sirvientes que buscan su propio interés. Lo mismo sucede en el graderío, donde un riguroso orden jerárquico hace patente la división en clases de la sociedad romana [Figura 5]. Asimismo, las mujeres no son admitidas a todo tipo de espectáculos, aunque sí a los más populares.

Los actores gozan de gran fama aunque, como ha ocurrido durante muchos siglos, de un prestigio equívoco. Las compañías teatrales son estables y, a pesar de ello, itinerantes. Se las contrata para eventos concretos y, muy posiblemente, pueden ser comparadas con las de la Francia de Moliere o bien con las compañías que actuaban en ferias y corrales de comedia en la España del Siglo de Oro.

Nos hemos detenido al empezar esta breve descripción en los orígenes del teatro romano, pero no hemos insistido demasiado en la íntima vinculación con las manifestaciones sociales que comporta el teatro, desde las procesiones funerarias donde personajes con máscara representan a los antepasados en la pompa circense que, a modo de desfile, precede a los espectáculos. En el fondo, la parodia, como ha sido demostrado, es el elemento esencial del teatro antiguo.

La máscara [Figura 4] es el factor principal identificativo en las formas tradicionales donde los papeles, incluso los femeninos, son representados por hombres. La rigidez expresiva de la máscara define al personaje que se mueve, además, con una gestificación codificada que el público comprende más allá de que tenga una forma realista. Algo así sucede, por ejemplo, con las representaciones sicilianas de marionetas («pupi») donde una codificación conocida por el público sirve para expresar, con un repertorio muy limitado, todo tipo de sentimientos y estados de ánimo.

 
Figura 4
Máscara
Ampliar
Figura 5
Inscripciones de los asientos
Ampliar
   
 
Índice
Página anterior Página siguiente
Arriba
 
 
 

Página Principal Contactar