Ingente producción  
     Con tan amplio bagaje, Acín practicó diferentes lenguajes artísticos en un escaso periodo de tiempo y nos legó una ingente producción, en la que sus dibujos constituyen una parte esencial. Algunos son de grandes dimensiones, otros son sencillos apuntes en libretas de papel; Acín dibujaba constantemente, era una forma de fijar sus ideas, las muchas ideas que iba anotando y que, en algunos casos, no llegó a desarrollar (lienzos, escultura monumental, proyectos arquitectónicos...). En todos ellos, sin embargo, se percibe la misma constante: el empleo de la línea, del trazo, para definir a sus personajes, sin más aditamentos; son, en general, obras sintéticas, con apenas algunos toques de color, que recuerdan, con las debidas reservas impuestas por el tiempo y el talante artístico, a un gran genio del arte universal: Leonardo.
     A través de ellos podríamos trazar un sucinto análisis de su trayectoria, que comenzó a una muy temprana edad. Con catorce años, es decir en 1902, empezó a dibujar y pintar; de esa fecha datan ya algunas obras como Niño a la entrada de Zaragoza(4). Como se supondrá apenas había iniciado su formación artística, que se vio interrumpida al matricularse en la Universidad de Zaragoza para cursar la licenciatura de Ciencias Químicas. No la acabó y tras una corta estancia en Madrid, algunos meses de 1910, a comienzos del año siguiente regresó a Huesca y se inscribió en la Academia de Dibujo que tenía instalada el pintor Félix Lafuente quien se convirtió, en palabras del propio Acín, en su maestro. De esas fechas datan ya sus primeras incursiones como dibujante e ilustrador, sus primeros trabajos en la prensa madrileña, colaboraciones que en 1912 prosiguió para el Diario de Huesca; comenzaba una fecunda relación que se mantuvo a lo largo de toda su existencia.
     Sus obras de aquellos años tienen un perfecto acomodo entre el regionalismo propiciado por la ideología regeneracionista aragonesa, de manera que tanto los personajes como los parajes urbanos y naturales oscenses constituyeron sus principales fuentes de inspiración(5). Cocina de Loarre de 1908, Haciendo chorizos o Calle con veladores son algunas de las obras más notables de esta etapa formativa, durante la cual también recurrió frecuentemente a los estilemas modernistas, sobre todo para idear algunos carteles y bocetos para decoraciones teatrales.
     Tras su periplo por tierras españolas, Acín se adentra en una nueva época. Granada vista desde el Generalife, un lienzo de grandes dimensiones fechado en 1915, marca el final de su formación y el inicio de su actividad profesional.
     En 1916 obtuvo una plaza de profesor de dibujo en la escuela Normal de Huesca y comenzó una incesante actividad artística y de agitación cultural. A finales de este año se trasladó de nuevo a Madrid, ciudad en la que ocupó una vivienda que después González de la Serna convertiría en famosa; entabló relaciones con artistas avanzados, entre ellos Bagaría y Castelao, quien también colaboraba con el diario El Sol, dos dibujantes y caricaturistas que, sin duda, le influyeron en sus ilustraciones. Publicó Las corridas de toros en 1970. Estudio para una película cómica, participó como conferenciante en la Exposición regional celebrada en Zaragoza en 1921, y al año siguiente contrajo matrimonio con Conchita Monrás, una figura esencial en su trayectoria vital y artística.
     Durante todo este tiempo, el ideario regionalista reaparecerá una y otra vez, sólo que variando el lenguaje artístico empleado. Sus pinturas, sin embargo, no abundan, no debe disponer de tiempo para ello; lo que no obsta para que nos haya legado algunas dignas de mención como esa Alegoría del baile que yo fecharía hacia 1916, o su Feria de Ayerbe datada entre 1918 y 1922. Ambas mantienen en común su alejamiento del academicismo más en boga, sus pinceladas cada vez más empastadas, los trazos enérgicos y un cierto carácter expresionista.
     Inmerso en semejantes novedades parecía lógico que su pintura desembocarse en el arte nuevo, esa corriente que estalló en 1925 con motivo de la celebración de la Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos en Madrid(6), y luego en los lenguajes de vanguardia; así ocurrió. Desde mediados de los años veinte Acín se embarcó en una aventura artística que propiciaría su inclusión entre los artistas más novedosos del momento; desplegó un amplio abanico de nuevos códigos estéticos que oscilaron entre los realismos de nuevo cuño, una serie de propuestas postcubistas, algunos estilemas futuristas, los postulados clasicistas que retomó Picasso y ese magicismo que lo entronca con el surrealismo. Celebró, además, sus exposiciones más significativas, y se adentró en la escultura. He citado un amplísimo elenco de novedades estéticas, algunas de las cuales concebidas como meros ensayos, sin más repercusión, mientras, que otras abrieron líneas de trabajo más duraderas. Con todo, Acín gozaba de una gracia creativa que ya no le abandonará.
     El inicio de semejante eclosión se sitúa en el momento en que pintó La feria, en la que conjuga claramente su manifiesta modernidad artística y su querencia por la sociedad altoaragonesa. Ambas premisas se convertirán en una constante durante los años restantes, en los que se pusieron de manifiesto también novedades técnicas.
     Entre las experiencias de corta duración hay que señalar algunas composiciones cubistas y postcubistas, como las tituladas Cristal, que yo fecharía en 1929, Bodegón con frutero y cuchillo sobre una mesa o Fraile, de hacia 1926-27. Y ciertos ensayos relacionados con el arte negro, que tanta difusión alcanzó por estas fechas; Bañista podría ser un elocuente ejemplo de esta tendencia.

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Notas
  1. Este título es reciente ya que en la exposición de 1988 el dibujo se citaba como Niño a la entrada de Huesca. Obviamente era una titulación errónea porque la imagen que concibió como fondo de la composición pertenece a la basílica del Pilar.
  2. Concha Lomba, «La pintura regionalista en Aragón: 1900-1936», ARTIGRAMA. Revista del departamento de Historia del Arte, nº 12, Zaragoza, 1886-97, págs. 503-518.
  3. L. Brihuega y C. Lomba (com.): La sociedad de Artistas Ibéricos y el arte español de 1925, catálogo, Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 1995.
   
 

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