Ramón Acín junto a un grupo de exiliados en un café de París en abril de 1931.
Foto: Estampa.

   

Redacción de El Diario de Huesca (C 1912-1914).
Acín, primero por la izquierda.

 

Republicano y anarquista  
     El republicanismo en Acín formó parte de su compromiso político, aparte de ser siempre un anarquista, en él no hubo virajes hacia otras ideologías, siempre manifestó sus simpatías con la República como régimen político. Antes de 1920 fundó con otros oscenses la Agrupación Libre, en la que se pretendía integrar a todas las tendencias republicanas y de izquierda con el objetivo de crear plataformas de choque contra el caciquismo oscense.
     En plena dictadura primorriverista, en 1926, Ramón Acín, desde Huesca, estuvo comprometido en la Sanjuanada cuyo objetivo no sólo era acabar con la Dictadura de Primo de Rivera sino también proclamar la República. El fracaso de la conspiración le costó su primer exilio en París, que aprovechó para profundizar en las vanguardias artísticas. En la Sanjuanada participó directamente, en Barcelona, el capitán Fermín Galán, que fue juzgado y condenado a varios años de prisión que cumplió en el Castillo de Montjuich, donde escribió el ensayo Nueva Creación y la novela inédita La Barbarie Organizada (sobre la guerra colonial de España en Marruecos). Indudablemente Ramón Acín leyó con detenimiento Nueva Creación y subrayó el modelo político propuesto por Galán que coincidía con las posturas del anarcosindicalismo intelectual y más pragmático: República federal, autonomía municipal y comarcal, federación de comarcas al estilo de las comunas y de las federaciones comunales...
     Sea como fuere, desde el momento en que Galán fue trasladado a la guarnición de Jaca, la amistad entre ambos fue estrecha, Fermín Galán si se quedaba en Huesca pernoctaba en casa de Ramón Acín. Antes de que Galán fuera nombrado delegado en Aragón del Comité Revolucionario Nacional, Ramón Acín, líder local de la CNT de Huesca, era pieza clave del engranaje: la colaboración de los cenetistas oscenses estaba fuera de toda duda, así como la de Zaragoza dados los contactos de Acín con los anarquistas zaragozanos (Chueca, hermanos Alcrudo, Abós, Santaflorentina, etc.) y especialmente con Rafael Sánchez Ventura, muy intensa en los meses previos a la sublevación.
     La noche anterior a la sublevación de jaca Acín no durmió en su casa, según J. Arderius y J. Díaz Fernández estuvo presente en Ayerbe; según la familia Sancho Blánquez, también presenció el enfrentamiento militar de Cillas; exasperado por el derramamiento de sangre, pasó aquellos momentos parapetado del cruce de fusilería. Acín como Galán no quería derramamiento de sangre.
     Tras el fracaso de Cillas, Ramón Acín permaneció escondido dos o tres días en el carrascal de Pebredo y un tiempo semejante en la ermita de Loreto, hasta que logró esconderse en la casa de Angelita Blánquez en Zaragoza, donde pasó las Navidades de 1930. Ayudado por José Ignacio Mantecón, llegó a Lisboa y desde allí al exilio parisino otra vez, hasta la proclamación de la II República.
     Otro dato que demuestra el fuerte compromiso de Acín con los sucesos de diciembre lo dio él mismo en una carta abierta a María Cruz Bescós (hija de Manuel Bescós, «Silvio Kossti») en El Diario de Huesca en la que hacía referencia a la alcaldía, vacante en 1935 tras la muerte de Manuel Gómez (republicano radical). Acín reconocía haber sido designado alcalde de Huesca en sus conversaciones con Galán en caso de que hubiese triunfado la sublevación de Jaca y se hubiese proclamado la República.
     Al llegar la II República en Huesca, el 14 de abril, numerosos grupos de personas con banderas tricolores se dirigieron al Ayuntamiento; frente al domicilio de Conchita Monrás (su esposa) se dieron vivas a la República, a Acín y a José Jarne exiliados en París desde enero de 1931. Al llegar a Huesca fueron recibidos en olor de multitudes porque desde la más pequeña aldea altoaragonesa se desplazaron para verlos, a ellos y a los militares encartados liberados: Sediles, Salinas, López Mejías...

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