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El anarquismo en la educación | |||||||||||||||||||||||
| Activo y convencido militante libertario, su labor pedagógica está impregnada de los principios difundidos por el anarquismo en educación. En aquellos momentos, él y otros muchos educadores, no sólo los anarquistas, estaban convencidos de que era posible transformar la sociedad a través de la educación de los individuos. La situación de incultura y analfabetismo de la clase obrera era un importante motivo de preocupación de las organizaciones que luchaban por su emancipación. Una clase obrera con formación no se dejaría manipular por el caciquismo. De ahí su insistencia en la necesidad de elevar el nivel cultural de los trabajadores en varias de sus colaboraciones para el periódico Solidaridad Obrera. Algunas de sus frases, referidas a la escuela y a los niños, reflejan claramente su opción a favor de una escuela para todos, basada en la libertad y el respeto, al tiempo que afirma, con rotundidad, su laicismo: | ||||||||||||||||||||||||
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Por otro lado, el carácter abierto y nada sectario de Ramón Acín, le hizo
tomar contacto también y recibir las influencias de otros movimientos
renovadores de su época, que tuvieron gran importancia en los años de la II
República española. La influencia más importante le llegó de la mano de
Joaquín Costa y de Herminio Almendros, hombres formados en la Institución
Libre de Enseñanza (ILE), cuna de los más grandes intelectuales de la época. La ILE, creada por Francisco Giner de los Ríos hacia finales del siglo XIX, tuvo su origen en el movimiento krausista, cuyo máximo exponente fue Sanz del Río (verdadero precursor de la Institución). En el aspecto pedagógico, su principal representante era Bartolomé Cossío. Según los estatutos de la ILE, «Su única aspiración es la perfecta educación de sus alumnos, absteniéndose de perturbar el alma de la niñez o de la adolescencia, anticipando en ellas la hora de las divisiones humanas. Tiempo les queda para que advengan al reino de la discordia y aún para que aquel reino sea desolado. Es preciso sembrar en la juventud con pulcritud y reverencia, el más estricto respeto a la libertad, la más austera reserva en la elaboración de las normas de la vida, el más religioso respeto por cuantas sinceras convicciones consagra la historia».(5) La Institución dedicó sus mejores esfuerzos a la renovación pedagógica en todas las etapas de la educación, desde párvulos hasta la universidad. Se concedía la misma importancia a las clases de los párvulos que a las consagradas a los alumnos de doctorado, sin distinción de grados. Los profesores intervenían indistintamente en unas y otras etapas, en una clara demostración de que «la educación es una obra unitaria que es preciso iniciar en los primeros años de la vida del niño y no abandonar acaso hasta los últimos días de la vida del hombre»(6) A Joaquín Costa, por el que, en palabras de Sonya Torres, «sentía una especial admiración y un profundo respeto», le escribió más de un artículo en el Diario de Huesca recordando su muerte, e incluso le dedicó un proyecto de monumento utópico en 1925 (7) |
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