Ramón Acín trabja en su estudio y vivienda de la calle las Cortes (1930).
Foto: Fidel Ostra.

   

Proyecto de monumento imaginario a Joaquín Costa.
Lápiz sobre papel fechado en Huesca en 1925.

 

La imprenta en la escuela  
     En cuanto a Herminio Almendros, durante el curso escolar 1931-32, ejerció como inspector en la provincia de Huesca y su influencia fue determinante en los sectores educativos más avanzados. Venía Herminio de la provincia de Lérida, donde había contribuido a difundir las ideas del maestro francés Celestin Freinet, introductor de la imprenta en la escuela y creador de un movimiento renovador que se había concretado en la creación de la Cooperativa de la Imprenta en la Escuela. Durante el tiempo que permaneció en Huesca, contactó con Ramón Acín y con Simeón Omella, maestro de Plasencia del Monte, entre otros, y les animó a adoptar las nuevas técnicas pedagógicas que estaban revolucionando el trabajo escolar. Los hermanos Carrasquer, concretamente Félix y José, también conocieron por entonces las técnicas del maestro francés y José introdujo la imprenta en su escuela de Aguilar, en el Pirineo oscense (8).
     Ramón Acín, que no llevaba sus hijas a la escuela estatal porque no estaba de acuerdo con los métodos ni los contenidos que en ella se impartían y que prefería ser él mismo y su mujer quienes se encargasen de su formación, no dudó en depositar su confianza en Almendros y su esposa María Cuyás, para que impartiesen clases particulares a Katia y Sol.
     Años más tarde, en 1935, con motivo de la celebración, en la ciudad de Huesca, del II Congreso de la Imprenta en la Escuela, Ramón Acín junto con Simeón Omella y algunos Maestros más, tuvieron un papel destacado en el mismo (9). En el caso concreto de Acín, éste publicó un artículo en el Diario de Huesca, el 21 de julio de 1935, titulado "Un Congreso y unos Congresistas" que, entre otras cosas, decía lo siguiente:
«Un día llegará también, en que los hombres, plenamente civilizados, prendan fuego a las pretenciosas y grandes fábricas de harinas, escamoteadoras de vitaminas, para establecer en nuestras propias casas pequeños molinos de piedra como de juguete también, que, movidos por el salto minúsculo de un grifo, nos proporcionen el moreno y sustancioso pan de pueblo.
Y en las escuelas, esas escuelas con imprentilla a lo Freinet, sin libros de texto, caros y pretenciosos, donde se dibujará en las paredes como antes en las cuevas y se contará con piedrecitas y se intuirá en los deditos el sistema decimal; en esas escuelas, cuando las. gentes todas se desplacen en aviones a quinientos por hora, se dará como premio a la aplicación las viejas cometas fabricadas con dos palmos de percalina y cuatro cañas; dos cañas en forma de aspa y dos en forma de cruz.
Porque la civilización es una complejidad al servicio de una simplificación. Decía Francisco Giner que nunca se había podido explicar cómo siendo los niños tan inteligentes son los hombres tan necios.
Ante estos maestros congresistas y los métodos de estos maestros, he llegado a concebir alguna esperanza de que algún día la inteligencia de los niños no tenga que perderse por caminos de necedad; día llegará en que no se juzgue el valer de un niño por h más o menos, por una coma en decimales, a la altura del último tendero en ocho días de práctica o por un pretérito pluscuamperfecto que toda la gente de alto saber ha tenido pronto el buen gusto de olvidar».
Aunque no reproducimos el artículo completo, basta esta muestra para darnos cuenta de la clarividencia de Acín en temas pedagógicos. La frase donde dice que la «civilización es una complejidad al servicio de una simplificación» es una de esas que resume con claridad absoluta lo que debe ser una buena enseñanza; es decir, que debemos enseñar lo complejo con la técnica más sencilla, porque en el principio de todo está lo concreto, lo que es posible captar y entender a través de los sentidos; y ese debe ser el objetivo fundamental de toda técnica pedagógica, convertir en fácil lo que parece complicado y difícil.
     Uno de los maestros asistentes al Congreso, José de Tapia, le dedicó unas palabras muy elogiosas, en un artículo titulado "iHuesca!", el cual reproducimos parcialmente a continuación (10):
     «Si en tus históricas construcciones guardas tesoros de artistas que huyeron de nosotros; si tu Catedral, con su soberbio retablo; tu San Pedro el Viejo, tus Casas Consistoriales, tu Palacio de los Reyes, y tantos otros monumentos notables que encierras hacen detener al viajero y lo extasían con- sus grandezas, permítenos a nosotros, soñadores y mágicos creadores del mañana, detenernos ante tu más humano, más grande y más sublime artista.  
Te hablamos de Acín, del hombre artista o del artista hombre, del hombre bueno que quiso encontrar palabras para poner en otros sus más nobles y bellas cualidades; del hombre sencillo que poco a poco, silenciosamente, va reuniendo en la casa encantada cantidades para nosotros fantásticas de cosas bellas, cosas únicas, de cosas mágicas que hacen saltar al corazón y derramarse al alma.
Acín es tu artista supremo; tú así lo reconocerás. Él creará cosas inimitables, pero su obra mayor y mejor, su más difícil obra, su obra de gran maestro y gran artista, ya te la ha donado.
Su mejor obra es su VIDA.
Nosotros no sabíamos desprendernos de los impalpables lazos que nos ligaban a aquella casa. Nosotros estrechábamos aquellas tibias manitas de la más genial realización artística y sentíamos hondamente el dolor de tener que romper aquel encanto que nos embargaba haciéndonos vibrar en emociones desconocidas. Para vosotras, bellas Sol y Katia, el recuerdo y la añoranza más ardientemente sentidos de un padre y un maestro.
Vuestra bella imagen perdurará a través de los más fuertes temporales de nuestra existencia poderosamente enmarcada por las siluetas sublimes de quienes la sabia Natura os deparó por creadores.»
     La «casa encantada» a la que hace referencia José de Tapia es, sin duda, la casa de Acín, ya que éste era un coleccionista impenitente y tenía su casa convertida en un museo, no solo de sus propias obras, sino de todo tipo de herramientas y objetos, poseía un verdadero museo etnológico y artístico.
     He aquí un auténtico Maestro. Un hombre bueno, íntegro, enamorado de sus alumnos y con unos enormes deseos de convertirlos en verdaderos artistas como él, con una generosidad y entrega dignas de admiración.
     Por eso debemos reivindicarle; a él y a todos que como él pagaron con su vida, con la cárcel o el exilio el pecado de amar la libertad, de ser inteligentes y de desear la educación y el progreso para todos.
     Ramón Acín merece, con todos los honores, ser considerado como nuestro Maestro.

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Notas:
  1. Sobre Herminio Almendros en Huesca y sobre la introducción de la imprenta en las escuelas de Plasencia del Monte y Aguilar, se pueden consultar las publicaciones: Enrique Satué Oliván, Caldearenas; un viaje por la Historia de la Escuela y el Magisterio rural, Huesca, Edición del autor, 2000, 392 págs. y Sebastián Gertrúdix Romero de Ávila, Simeón Omella: el Mestro de Plasencia del Monte, Zaragoza, Diputación General de Aragón y CAI, 2002, 192 págs.
  2. En la página 55 de La Escuela Moderna en España, publicación del Movimiento Corporativo de Escuela Popular, editada por Zero ZYX, se puede leer: «El II Congreso se realizó en Huesca, organizado por Simeón Omella, maestro de Plasencia del Monte y unos profesores de la Escuela Normal». Es de suponer que Ramón Acín estaba entre ellos.
  3. Este artículo fue publicado en la revista Colaboración, órgano del Movimiento Freinet en España, en su número 6, de agosto de 1935. También ha sido recogido por Fernando Jiménez Mier y Terán, Freinet en España: La Revista Colaboración, Barcelona, EUB, 1996. En la misma revista y en el mismo número también está recogido el anterior artículo de Acín.
 

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