|
|
|||||||||||||
|
El valor moral. Ramón Acín (Diario de Huesca, 1924) | ||||||||||||
| En el número anterior
de El Diario escribí un corto artículo; algunos me han preguntado el
por qué no escribía con más frecuencia (voy a poner como botón de muestra a
Luisito Fuentes) porque, según dicen, lo hago muy bien. Yo no sé si lo hago muy bien, pero si sé que no lo hago del todo mal. ¿Es inmodestia hablar así? Es cosa ésta que no me interesa, pero a ver; el que no tenga pizca de vanidad que levante el dedo; porque yo bien me sé, que la modestia no pasa de ser una vanidad, la más aristocrática de las vanidades si queréis, pero al fin vanidad. Hasta en los santos que fueron prototipos de modestia en este mundo, obedecía su modestia a poder saborear en el otro la gran vanidad (hablo en jerga católica) de ser sentados por los siglos de los siglos a la vera de Dios Nuestro Señor. Por otro lado, el secreto, si no para escribir del todo bien, cuando menos para no escribir del todo mal, está al alcance de todos: consiste en escribir solamente cuando la bilis nos ahoga o cuando nos salta el corazón. Y ayer escribía yo mi artículo ex abundancia cordis y hoy escribo el que escribo porque la bilis me atosiga la garganta y no puedo vivir de desazón. Os he dado el secreto, mas bien sé yo que no escribiréis mucho a pesar de ello. Con abundancia de corazón poco podréis; escasean tanto los motivos para ello en esta pobre vida... y con mucha bilis yo os aconsejo por experiencia, que aunque tajo no os habría de faltar, no lo hagáis; cada artículo que yo escribí indignado, aunque fuera santa y justa la indignación y no echase en olvido la eubolia o ciencia del buen decir, se me negó un saludo, me silenció un periódico para siempre, o se me abrió un proceso o una puerta a cal y canto se me cerró. Pecata minuta todo ello; la verdad, la verdad por delante y la justicia; el valor moral, sin fanfarria y sin beatería, y jovial por encima de todos los valores. Una vida humilde, perseguida, misteriosa si fuere preciso, pero que al echarle a uno en la fosa, la tierra al caer canturree sobre el ataúd: fue un hombre, y como tal, cumplió con su deber... Epitafio este sencillo y al alcance de todos los mortales, que va siendo como mirlo blanco, como rara avis en la fauna alada de los cementerios... (...) Yo, al escribir no hago literatura; escribo sujetándome el hígado o apretándome el corazón. Si canto suave o fuerte, canto sin saberlo, como los buenos árboles cuando les sopla el céfiro o les azota el aquilón. |
|||||||||||||
|
|||||||||||||
|
|