|
||||||||||||||||||||||||||||||||
|
LA REFORMA MILITAR QUE NUNCA EXISTIO: POSTURAS ANTE LA GUERRA |
||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
El
reformismo liberal agudizó sus comparaciones, cuando la guerra demostró
que los ejércitos de países democráticos eran capaces de batir a las
tropas de las monarquías autoritarias de Centroeuropa. Los partidos
obreros, en cambio, no atendieron a las posibles reformas militares, más
preocupados en la transformación global de la sociedad y atentos, sobre
todo, al esperanzador ejemplo de la revolución rusa. El partido conservador, ante el desarrollo de la guerra, defendió el mínimo programa militar del general Echagüe (1915), que incluía la creación de un ministerio de Defensa, responsable ante la Junta de Defensa del reino. A pesar de los esfuerzos de Maura, el proyecto fracasó y los liberales impulsaron el suyo, que pretendía controlar la capacidad técnica de los oficiales próximos a ascender. Desde 1914 existía un proyecto para que ciertos jefes pasaran un examen de aptitud antes del ascenso. pero nadie se atrevía a ponerlo en práctica. Las pruebas pensadas para el examen eran simples, inútiles y, según muchos militares, vejatorias. Todos los funcionarios del Estado tenían congelados sus sueldos desde 1914, mientras la inflación aumentaba. Y, en 1916, se decidió practicar el examen a los militares de Barcelona. La indignación del arma de Infantería, resentida por los ascensos de Marruecos, se disparó cuando se supo que artilleros e ingenieros eran dispensados de la prueba. En los regimientos barceloneses de infantería, los oficiales formaron juntas de defensa. La iniciativa correspondió a los capitanes Alvarez y Viella, perjudicados por la congelación de las escalas. Pero el coronel Benito Márquez hizo suyo el asunto. La mala situación profesional y la intuición de ser la pieza que mantenía el sistema político estimularon la actividad de las juntas, que se extendieron a toda España. El movimiento era corporativo y reivindicaba mejoras económicas (la oficialidad y tropa se hallan peor atendidas que las de cualquier otro país) y el cuidado al ejército, que se encuentra, en absoluto, desorganizado, despreciado y desatendido de sus necesidades. El poder de las juntas doblegó al Gobierno, sin que se adaptara el ejército a los nuevos tiempos. La verdadera reivindicación fue profesional y contra los ascensos de Africa. En el Gobierno de garcía Prieto ( 3-XI-1917), las juntas impusieron a Juan de la Cierva como ministro de la Guerra. Ya que las juntas sólo admitían miembros hasta el grado de coronel, prefirieron un testaferro civil en el ministerio que los tradicionales generales. La Cierva no se plegó a las exigencias de las juntas, aunque manipuló su inquietud con mejoras económicas y la promesa de una reforma militar. En cambio, expulsó del ejército a los suboficiales y sargentos que habían formado juntas como las de sus jefes. Eran asociaciones bienpensantes que se felicitaban en Navidad, intercambiaban correspondencia en papel timbrado y presentaban mínimas reivindicaciones profesionales. Pero el ministro, un duro del partido conservador, creyó que preparaban una revuelta, inducida por los vientos de Rusia. De modo que la cacareada reforma se concretó en la ley de bases de 1918, expresión de un conservadurismo que si nada tenía que aportar reguló, no obstante, los ascensos de los oficiales. Queda prohibido otorgar ascensos hasta coronel o asimilado mediante elección, en tiempo de paz, salvo ley especial que lo autorice expresamente en casos extraordinarios. Las juntas perduraron hasta 1922, derribaron gobiernos, intrigaron en los cuarteles y desunieron a los oficiales, pero nada hicieron por mejorar el ejército. |
|||||||||||||||||||||||||||||||
