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ESPAÑA Y LA GRAN GUERRA

 
 

LA NEUTRALIDAD

LA REFORMA MILITAR

TRABAJO POR LA VICTORIA

LA INTELECTUALIDAD DEL 14

TEXTOS

BIBLIOGRAFIA
 
 

LA REFORMA MILITAR QUE NUNCA EXISTIO: EL NUEVO REFORMISMO

 
 

 

     El ejemplo de la guerra europea, la crisis nacional de 1917 y el pretorianismo de las juntas reverdecieron el reformismo militar de los liberales, dentro y fuera del sistema dinástico. Ya en 1915, Romanones había escrito Reformas militares, a consecuencia de la guerra. Pero las aportaciones más sólidas llegaron a partir de 1917. En España se había ignorado la transformación que, desde finales del siglo XIX, sufrieron los ejércitos británico y francés. Los conceptos de Percin o Moch, defensores de ejércitos al servicio del Estado democrático, eran desconocidos. Incluso cuestiones como las planteadas en el ejército francés, por la implantación del servicio obligatorio, no fueron tratadas aquí. Las obras de Mahan sobre el poder naval fueron publicadas en España cuando ya nuestra flota se había hundido en Santiago de Cuba. Y las relaciones entre el ejército y los problemas sociales son un desierto bibliográfico, con algún oasis aislado, como Militarismo y socialismo (1906) del capitán García Pérez, influido por el sindicalismo católico, o Misión social del ejército (1907), del entonces capitán Fanjul, que después viró al ciervismo.
     Pero los temas militares no despertaron tampoco el entusiasmo de los políticos. Curiosamente, la fuerza fundamental del sistema plateaba un problema que el pensamiento público consideraba insoluble. En 1917 y 1918, Ramón Pérez de Ayala publicó dos artículos en La Nación de Buenos Aires. Su tesis estaba influida por el modelo militar norteamericano, que propugnaba imitar en España. Aquí el ejército se había convertido en un Estado dentro del estado, en un poder políticamente autónomo. Pérez de Ayala insistía en la disciplina política de los ejércitos: un militar jamás debe sublevarse, porque ha puesto su libertad política al servicio de la nación.
     Los liberales solían aliadófilos y la contemplación del panorama europeo, y sobre todo francés, estimuló los dos planteamientos más importantes del tema. Uno, desde el liberalismo dinástico. Otro, desde la oposición circunspecta del partido reformista de Melquíades Alvarez. Sus autores era, respectivamente, Romanones y Azaña.
     Romanones jamás se atrevió a poner en práctica sus ideas, pese a formar parte en varios gobiernos. Su libro básico es El ejército y la política (1920), dedicado a su hijo muerto en Africa como teniente. para Romanones, el ejército era en España un desconocido del que nadie tenía idea completa, mientras el pueblo esperaba la llamada a filas con el mismo temor que al recaudador de contribuciones.
     El nacimiento de la Sociedad de Naciones y la oposición de los movimientos obreros a la guerra no le hacían creer en la desaparición próxima de los conflictos. Un país no podía tener política internacional sin tener ejército; pero en España, a pesar de la importancia del problema, el Parlamento se inhibía sistemáticamente, no se fiscalizaban las operaciones militares y no se analizaban los presupuestos.
 
  LA POLITICA MILITAR DE ROMANONES  
 

Las buenas ideas de Romanones quedaron en letra muerta. En la fotografía, Romanones en la votación del 14 de abril de 1931

     Aunque con palabras respetuosas, Romanones cuestionaba todo el sistema militar español y presentaba soluciones extraídas de la comparación europea. para él, el ejército alemán era un ejemplo pernicioso de nación armada, cuyos oficiales elitistas eran antidemocráticos y sólo capaces de la violencia. En cambio, los países democráticos contaban con ejércitos controlados por el parlamento y los oficiales eran modélicos por reclutarse en todas las clases sociales. Como ejemplos más válidos citaba el británico, el suizo y, sobre todo, el francés, cuya oficialidad de complemento procede de la burguesía, de la más alta a la más baja, y fue el secreto de la victoria de 1918.
     En el terreno de las realizaciones, propugnaba la desaparición de las capitanías generales y gobiernos militares; la transformación del cuerpo de oficiales, que debía educarse en una cultura científica y literaria suficiente, proporcionada por academias donde el Ministerio de Instrucción Pública compartiría las funciones docentes. El oficial debía ser un psicólogo, un educador y un pedagogo, porque la aplicación estricta y severa de la Ordenanza ya no era suficiente.
     Proponía organizar bibliotecas y estimular los estudios de los oficiales, cuyo número debía reducirse. El ejército era una institución separada del país, pero debía lograrse que participara en la vida común y que dejara de ser una institución teórica, para convertirse en un cuerpo eficaz. El ejército había carecido siempre de medios y sin ellos no se podía hacer la guerra. Se dirá que el soldado español es el más sobrio del mundo ..., son cuentos ..., el soldado español, en su mayor parte, entra en filas necesitado más que ningún otro de estar bien cuidado y bien alimentado. El problema militar era un problema nacional en que todos hemos de poner nuestras manos. El resultado final sería la eficacia de la institución y el restablecimiento de la disciplina política del ejército, al que las guerras civiles habían desviado de sus obligaciones.
 
  LOS PROYECTOS DE MANUEL AZAÑA  
       Las ideas de Azaña en 1918 no diferían sustancialmente de las romanonistas. Su afición a los temas militares arrancaba de dos visitas a los frentes de guerra, en comisiones de intelectuales aliadófilos. Desde allí envió artículos, que aparecieron en la prensa. De su contacto con los militares extranjeros, sobre todo franceses, captó la idea de un ejército integrado en el estado democrático, eficaz en la guerra moderna y disciplinado políticamente. Para él la neutralidad del ejército en las cuestiones de orden interno es, en efecto, un postulado de todo régimen civil.
     Vuelto a España escribió La política militar francesa (1918), pronunció algunas conferencias y presentó la ponencia La reforma del ejército, en el partido reformista, donde militaba entonces, con un grupo importante, de la que sería plana mayor del republicanismo.
     Tampoco creía que la Sociedad de Naciones pudiera acabar con la guerra. Participaba en la necesidad de que España contara con un eficaz ejército defensivo, dentro de la repulsa que cualquier agresión bélica despertaba entonces en Francia. la política militar de un país democrático debía dirigirse, ante todo, a separar al ejército de la política y a convertirlo para la guerra. La defensa nacional debía descansar en ciudadanos movilizados, huyendo de cualquier ejército profesional, que carecía del sentido igualitario y ciudadano del recluta forzoso, y era caro, ineficaz y políticamente peligroso.
     Su sentido de la reforma militar pasaba también por la reorganización de la enseñanza, la integración de la justicia militar en la general del estado, la desaparición de la jurisdicción territorial de las autoridades militares y la reducción del número de oficiales.
     El ejército debía convertirse en una institución neutral, separada de las cuestiones políticas y del mantenimiento del orden público. Destinado sólo a las cuestiones referidas a la defensa nacional.
 
     

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