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ESPAÑA Y LA GRAN GUERRA
 

 
 

LA NEUTRALIDAD

LA REFORMA MILITAR

TRABAJO POR LA VICTORIA

LA INTELECTUALIDAD DEL 14

TEXTOS

BIBLIOGRAFIA
 
 

LA INTELECTUALIDAD DEL 14 ANTE LA GUERRA
MADARIAGA: EL ANALISIS BELICO

 
 

 

Salvador de Madariaga

     En su visión global del conflicto, el joven Madariaga, corresponsal de El Imparcial, La Publicidad y otros periódicos en Londres, estima que agosto de 1914 ha puesto en movimiento un cúmulo de fuerzas virtualmente presentes desde hacía decenios. En un artículo suyo publicado en la revista inglesa Contemporary Review, escribe, abundando en este sentido:
     La guerra actual, incomprensible si se la mira como una rapiña de mercados, se hace inteligible cuando se la contempla como un trágico momento de la humanidad, como un conflicto entre la fuerza y el poder (encarnado en los imperios centrales) y contra la justicia y el derecho (de los que serían depositarios las potencias de la Entente), como una tragedia humana donde las grandes fuerzas de la época - Militarismo, capitalismo, socialismo, nacionalismo - actúan y reaccionan las unas sobre las otras.
    
La guerra europea, según Madariaga, pone de relieve una crisis de valores, la agónica búsqueda de la vieja identidad europea, puesta en solfa por el desarrollo desmesurado y contradictorio de sus propias fuerzas históricas. La prueba de los hechos (reyes destronados, partidos políticos antagónicos que colaboran en coaliciones, experiencias planificadoras en la producción jamás vistas, insurrección en la retaguardia civil y motines en la tropa destacada en el frente de combate) le llevan a concluir: El porvenir inmediato ha de probar que la visión de la guerra como una revolución europea es la más hondamente exacta.
     Movido por la vocación europeísta que prendió poderosamente en un puñado de ciudadanos de diferente nacionalidad (ya durante el conflicto y sobre todo durante la posguerra: el decenio de los veinte, en particular), Madariaga hace compatible (no sin dificultades, como reconoce en sus memorias: Amanecer sin Mediodía: 1921-1936) su condición de literato y ensayista con su gestión en calidad de funcionario internacional en Ginebra: Me había lanzado a la aventura de la Sociedad de Naciones sin hacerme preguntas, impulsado por una fe ingenua, no sólo en la posibilidad de llegar a realizar un gobierno universal, sino en la seguridad de que iba a realizarse.
     Todos los obstáculos interpuestos en la resolución de los problemas pendientes, problemas tan graves como las reparaciones debidas por Alemania, el espinoso tema del desarme, el ingreso de la Unión Soviética en la familia de Estados integradora de la sociedad internacional y los contenciosos entre países con intereses en pugna, no hicieron desistir a Madariaga de su fe ingenua y su esfuerzo prolongado en favor del compromiso negociado que diera a Europa y al mundo una base política garante de un futuro próspero y culto.
     Si queremos evitar otras guerras - comentará en sus memorias - será mejor no aguardar a que el asunto se vuelva cuestión; la cuestión, problema, problema, y el problema, conflicto. Es, pues, absurdo, esperar en Ginebra a que terminen estas evoluciones peligrosas. Lo que hay que hacer es que la Sociedad de Naciones intervenga cuanto antes, cuando las diferencias apenas apuntan y no llegan todavía a discusiones.
     Prácticamente hasta 1939 asistió Madariaga al hundimiento de la promesa que Europa se hizo a sí misma y que no llegó a cuajar en compromiso cumplido: negociar la paz todos los días y cuando un conato de perturbación surja en las relaciones internacionales.
Modernización de España
     En cuanto a España - de la que siempre vivió lejos teniéndola muy próxima en sus sensibilidad y en su pensamiento -, nunca dejó de creer que la única manera de salvarla de sus existencia fosilizada o congelada era obligarla a echarse a nadar en los mares del mundo. Idea ésta que toda la generación del 14 pondrá de relieve, en la esperanza de que el contacto con otros estilos de vida, códigos sociales y progreso científico redunde en favor de la modernización de un país anacrónico por su secular aislamiento del resto del continente, al que pertenece en lo geopolítico y cultural.
     Por todo ello, aunque Madariaga entendió el valor táctico implícito en la declaración de neutralidad formulada por el gabinete de Eduardo Dato, jamás pudo suscribir lo que entonces se dio en llamar neutralidad moral. En su conocido libro España. Ensayo de Historia Contemporánea, escribió las siguientes puntualizaciones:
     La nación estaba dividida en dos (a causa de la guerra). En conjunto, la opinión liberal, anticlerical y progresiva, vagamente llamada "izquierda", era aliadófila; reaccionaria, clerical, la "derecha" era germanófila..., pero un estudio más detallado de la situación revelaba razones más complejas y sugería la conclusión de que, estrictamente hablando, no había en España ni germanófilos ni aliadófilos, sino tan sólo actitudes mentales y emotivas para con ciertos problemas nacionales, históricos y filosóficos, que podrían representarse de un modo elemental con esas dos etiquetas cómodas y populares.
     Desde su óptica demoliberal, propugnó el deber del Estado y del pueblo español de manifestar una neutralidad estricta en lo jurídico; pero moralmente simpatizaba con Francia e Inglaterra, dos potencias que juntas dominan y separadas paralizan la acción española; mas que son al mismo tiempo sus adversarios naturales (en Gibraltar, en el norte de Marruecos, por ejemplo) y sus mejores clientes, así como los dos pueblos que más estimulan su vida y su cultura).
     Hasta 1936, la carrera internacional del scholar in diplomacy que fue Madariaga estuvo guiada por el deseo de que España, adscrita a la neutralidad activa, se convirtiera, junto con los restantes islotes de neutralidad europeos, en un factor estabilizador de la política internacional y nunca en causa de desequilibrio, como posteriormente vino a suceder tras el estallido de la guerra civil en que los españoles se vieron envueltos.
 
     

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