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LA INSTITUCION LIBRE DE ENSEÑANZA |
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| Es difícil exagerar la
importancia de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones
Científicas (en adelante Junta o JAE), tras la sepultura del silencio y el
olvido bajo la que ha permanecido durante el franquismo. Añádase a ésto
que la labor de la Junta, que se extiende durante el primer tercio de
nuestro siglo -de 1907 a 1936, exactamente-, no ha sido investigada con
amplitud por si sola hasta hace muy poco. Una valoración de la importancia de la Junta exige tener en cuenta la escuálida situación cultural española legada por el último tercio del siglo XIX. El analfabetismo rondaba en 1876 entre el 75 y el 80 por 100 de la población, hallándose sin escolarizar un 60 por 100 de la población en edad escolar. Veinticinco años después, en 1900, la cifra de analfabetos había descendido solamente al 64 por 100. Y de 1880 a 1908 se pasa de la escasa cifra de 23.132 escuelas primarias a 24.861, con un aumento del 8 por 100 frente a un crecimiento paralelo de la población de casi un 20 por 100. Pero no se trata sólo de cifras. De la calidad de la instrucción, si a eso llegaba, pueden dar idea los programas de estudios, obsesionados por una enseñanza religiosa de corte medieval y nulamente científica, y la precaria selección de los maestros, a quienes, de no ser clérigos, se les pedía pasar un examen de doctrina cristiana y demostrar que sabían leer y escribir. La enseñanza superior no estaba menos influida por una Iglesia católica que en 1864 había condenado como errores modernos, amén del liberalismo, el racionalismo y el positivismo, es decir, las dos corrientes filosóficas fundamentales que impulsaron el progreso de la ciencia moderna. La muy minoritaria enseñanza universitaria, además de preocuparse más por la ortodoxia doctrinal católica que por el desarrollo de las ciencias, estaba deformemente volcada a la producción de juristas. Esta incuria cultural y científica, naturalmente, estaba muy relacionada con el deficiente y tardío desarrollo industrial en nuestro país. Antes de 1900 se encuentran ocupados en el campo al menos los dos tercios de la población. La industrialización fue escasa, retrasada, localizada en pocas regiones, de predominante capital exterior y, por lo que aquí más interesa, técnicamente atrasada y dependiente. El círculo vicioso de finales del pasado siglo, residía en una estructura económica que no demandaba una mejora técnica y científica, y en un sistema educativo y cultural que no promovía el desarrollo económico. De los núcleos liberales que expresaron su descontento ante esta situación -regeneracionistas como Joaquín Costa, noventayochistas como Unamuno, personalidades como Ramón y Cajal o José Ortega y Gasset- sin duda fueron los krausistas, por obra de Giner de los Ríos sobre todo, quienes más insistieron en romper ese círculo vicioso atajando el problema educativo y dando pasos reales para su reforma. Un primer paso decisivo para ello fue la creación de la Institución Libre de Enseñanza (en adelante ILE) en 1876. Un segundo paso, de más amplias repercusiones, fue la creación de la JAE, que no fue en absoluto ajena a la influencia de Giner. |
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