LA INSTITUCION LIBRE DE ENSEÑANZA

 

 

Homenaje en Granada a Federico García Lorca.

     La Junta se constituyó como organismo oficial de carácter nacional con autonomía en los asuntos técnicos y pedagógicos, y con capacidad para elegir a sus propios miembros en caso de vacantes. Esta doble independencia fue discutida por los gobiernos reaccionarios. Rodríguez San Pedro (ministro de Instrucción Pública de Maura) limitó, de 1907 a 1909, la autonomía técnica y pedagógica y Primo de Rivera impuso, de 1926 a 1930, un sistema por el que el Ministerio de Instrucción nombraba libremente a la mitad de los vocales. Sin embargo, tal doble autonomía era la clave del éxito de la Junta y si ésta llegó a pervivir y a dar frutos fue porque los criterios de esos políticos no prevalecieron más que durante cortos períodos.
    La autonomía técnica y pedagógica suponía la libre elección por parte de la Junta de personas, temas, tiempo y demás circunstancias de la pensión, así como del personal directivo y orientación general de sus centros. Las convocatorias de pensión eran abiertas y el sistema de selección, libre. Esto significaba que no se tasaban unos temas previamente: no se trataba de buscar una persona para cubrir una pensión, sino de compaginar la libertad de elección de tema de los solicitantes con la valoración ponderada de las necesidades culturales y científicas por parte de la Junta.
     La autonomía en el nombramiento de vocales, por su parte, era la garantía de que la Junta no se sometería a las exigencias políticas del momento. En el primer nombramiento, hecho por el ministro Callejo, cabe ver la influencia de Giner de los Ríos, que nunca formó parte de la Junta, y de José Castillejo, siempre en el oscuro puesto de secretario, sin voz ni voto, pero auténtica alma de la Junta hasta que dejó el cargo en 1935. El gran acierto de ese primer nombramiento estuvo en el elevado prestigio científico-cultural de sus componentes y en la variedad de ideologías representadas.
     Santiago Ramón y Cajal, el gran especialista en Histología y premio Nobel, fue el presidente de la Junta hasta su muerte, ocurrida a finales de 1934, siendo sustituido entonces por Ignacio Bolívar. La Junta se componía además de veinte vocales, entre los que siempre estuvieron representadas distintas especialidades y opiniones políticas. Algunos de sus vocales fueron: Marcelino Menéndez Pelayo, Ramón Menéndez Pidal, Eduardo de Hinojosa, Rafael Altamira, Joaquín Sorolla, José Echegaray, Gumersindo de Azcárate, Vicente Santamaría de Paredes, José Casares Gil, Leonardo Torres Quevedo, Eduardo Torroja, Teófilo Hernando, Luis Simarro, Augusto Pi i Sunyer, José Ortega y Gasset, Juan Zaragüeta, Adolfo Alvarez Buylla, Luis Olariaga, María de Maestu...
 
     

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