LA INSTITUCION LIBRE DE ENSEÑANZA

 
       La amplia composición de la Junta fue seguramente la razón última de su pervivencia, al menos durante los años en que aún no se había consolidado su obra. No evitó, sin embargo, la constante enemiga del reaccionarismo y de cierto conservadurismo ligado a los sectores católicos a machamartillo. Salvo en la República, hubo varios debates en el Parlamento provocados por esa derecha, que aprovechaba lo mismo la discusión de los presupuestos que la creación de centros por la JAE ya fuera para defender la libertad de enseñanza, la autonomía de las universidades o la «buena marcha» de la educación, pero siempre con la acusación constante de que la JAE no era más que una extensión de la ILE. Y, como es sabido, en el peculiar lenguaje de estos nuevos pero eternos inquisidores, la ILE era sinónimo de liberalismo, masonería, anticlericalismo y cuantos «vicios modernos» cabían en sus mentes.
     Con la identificación entre la JAE y la ILE, que en la realidad no llegaba a tanto -y en todo caso no merece un juicio negativo-, se sugería además, a veces explícitamente, que la concesión de las pensiones no era imparcial. Por los datos que hemos podido recoger, que son numerosos, esta sugerencia es radicalmente infundada.
     Al respecto llama la atención la defensa que hizo de la JAE el canónigo asturiano Manuel Arboleya, que fue pensionado de la Junta y que en la época de la campaña difamatoria era uno de los grandes promotores del sindicalismo católico.
 
     

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