LA INSTITUCION LIBRE DE ENSEÑANZA

 
       Con el inicio de la guerra civil, la acción de la Junta se hizo imposible en la práctica. En Madrid la mayoría de sus locales fueron enseguida ocupados con fines militares y a pesar de su traslado a Valencia y, posteriormente, a Barcelona, su única actividad fue la puramente moral de ponerse al lado de la República. De la Casa de la Cultura, de Valencia, que tuvo cierto protagonismo en la concienciación ante la opinión pública, sobre todo internacional, formaron parte la mayoría de los intelectuales republicanos relacionados con la Junta.
     Por su parte, en la zona nacional, ya el 8 de diciembre de 1937, se dictó un decreto por el que, a la vez que se declaraba disuelta la Junta, se creaba el Instituto de España como directivo de la alta cultura siguiendo la venerada tradición española de colocar la vida doctoral bajo los auspicios de la Inmaculada Concepción de María. Con tal inciso se marcaba ya el criterio de identificar el catolicismo con el anti-institucionismo que tanto juego daría en los libelos contra la ILE de los Enrique Súñer, Martín Sánchez-Juliá o Herrera Oria.
     Con el fin de la guerra se va a reproducir en España el ya secular fenómeno de la represión y exilio de intelectuales liberales. Son difícilmente calculables las consecuencias de la guerra civil y la postguerra en cifras de muertos, separados y exiliados relacionados con la Junta. Más estudiado está el tema del exilio republicano en general. Pero lo que sí está claro en todo caso es su efecto destructor en materia científica y cultural: una buena parte de nuestros mejores intelectuales y científicos -muchos de ellos costosamente formados por la Junta- fue reprimida u obligada a exiliarse. Están en la mente de todos, algunos de los nombres anteriormente citados con los que la cultura española no ha podido contar directamente y es ociosa ahora otra larga lista que los recuerde.
     Mientras muchos se exiliaban, la Junta para Ampliación de Estudios quiso ser sustituida en España por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (creado por Ley de 24 de noviembre de 1939), que, si no sus funciones, al menos ocupó sus edificios. Según la exposición de motivos de la ley citada, era preciso restaurar los ideales de la Hispanidad frente a la pobreza y paralización pasadas, ideales, al parecer, coincidentes con las ideas esenciales que han inspirado nuestro glorioso movimiento y cimentados en la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias.
     Sin duda la clásica y cristiana unidad de las ciencias no tenía que ver con la ideal república de las ciencias cuya primera virtud es la tolerancia. Inspirada con esta última virtud funcionó la Junta para Ampliación de Estudios. Que su república de las ciencias quedara truncada es una de las causas de nuestro nuevo retraso científico, cultural y educativo, un retraso al que ayudaron los ideales de la Hispanidad y que debe medirse también por lo que se habría avanzado de no haber ocurrido lo que ocurrió. Aunque suele decirse que los "si no hubiera ocurrido...» están prohibidos para hacer historia, están permitidos y son útiles, y hasta necesarios, cuando no se trata sólo de lamentar la historia pasada, sino de aprender de ella para el futuro.
 
     

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