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LA ISLAMIZACION: INVASION POLEMICA |
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En 1969 apareció
en francés la obra de Ignacio Olagüe Les arabes n'ont jamais envahi
l'Espagne (versión
española, ampliada, con el título La
revolución
islámica de Occidente, Barcelona, 1974; una interesante
reseña de Pierre
Guichard en sus Estudios sobre historia medieval, Valencia,
1987). La tesis de este libro aparece claramente explicada en su título;
basándose en una supuesta ausencia de fuentes antiguas árabes sobre la conquista,
interpreta la adopción de la religión musulmana como un hecho muy
posterior y los primeros siglos de la presencia islámica en la Península
como un período de luchas caóticas entre movimientos cristianos opuestos,
que se convirtió, en la historiografía árabe tardía, en una invasión que
nunca existió en la realidad. La tesis de Olagüe no resiste un examen
histórico serio, pero es necesario mencionarla, en cualquier caso, dado
que ha tenido cierta repercusión y, por otra parte, representa la posición
más extremada de una postura que subyace en cierto número de
interpretaciones sobre el significado de la conquista islámica de la
Península. En efecto, el hecho mismo de la conquista -más que sus condiciones materiales o sus circunstancias precisas- ha sido objeto de una de las polémicas más intensas (y, en cierto modo, infructuosas) de la historiografía española moderna. No ha sido, de ningún modo, un hecho fortuito: durante siglos se ha sentido que la invasión árabe suponía un corte decisivo en el normal devenir histórico de España; un ataque fulgurante que sólo la traición (en la figura de don Julián) explicaba de forma razonable y que dejó en el subconsciente colectivo una huella indeleble. A este respecto son interesantes las referencias que hace T. Glick, en su Islamic and Christian Spain in the Early Middle Ages (Princeton, 1979), a estudios psiquiátricos en los que se analiza este ancestral miedo al invasor. Que la conquista árabe se haya interpretado como un acontecimiento exterior a la verdadera Historia de España supone dar por sentado que esa Historia se ha ido desarrollando en torno a unos conceptos esenciales y, por tanto, permanentes a través de los siglos. Esta interpretación, arraigada profundamente en el pensamiento historiográfico español, no es, sin embargo, única. En 1948, en efecto, Américo Castro publicaba su España en su historia. Cristianos, moros y judíos (con numerosas ediciones posteriores), abriendo así la polémica a la que se ha aludido más arriba. |
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